¿Y si no funciona? ¿Y si termino lastimada? ¿Y si esto sale mal y aquello se desmorona? La vida es demasiado corta para quedarse siempre al borde de cada posibilidad, con tanto miedo que nunca cruzamos el puente sobre todos los «¿y si…?» de nuestra mente.
La vida es impredecible, y eso también la hace hermosa. Su belleza incluye sorpresas que nunca habríamos podido planear, incluso cuando el camino es difícil. Aprende a apreciar los días de lluvia tanto como disfrutas los de sol, porque sin la lluvia las flores no podrían abrirse con tanta belleza.
El pesimismo es un ladrón. Se lleva los tesoros escondidos en el riesgo, la belleza que guarda lo incierto y la satisfacción serena de haber elegido el valor en lugar del miedo. A veces la mayor pérdida no es fracasar. Es dejar que el miedo te convenza de no empezar jamás.
Así que atrévete a moverte y a actuar. Atrévete a hacer callar cada posibilidad negativa que se ha instalado en tu mente. Elige creer que quizá, solo quizá, haya algo hermoso esperándote al otro lado de la incertidumbre.
Por Jehová son ordenados los pasos del hombre, y aprueba su camino. Cuando cayere, no quedará postrado; porque Jehová sostiene su mano.
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