Dios, creo que deberíamos empezar a ver a otras personas. En realidad, no. Estoy terminando contigo. Porque desde que te mudaste al vecindario de mi corazón, el valor de todas las propiedades se ha desplomado. Todo se está cayendo a pedazos. Dices que me amas, pero tu amor se siente como una sala de espera vacía. Se siente como ser la única persona en una fiesta sorpresa que nunca llegó a comenzar.

Dices que estás en todas partes, pero últimamente pareces un fantasma que solo visita a la gente feliz. Me dicen que camine por fe y no por vista, pero me estoy tropezando con todas estas oraciones que dejaste en visto. Dicen que todo ayuda a bien, pero ahora mismo mi vida parece un rompecabezas al que le faltan las esquinas, y estoy bastante segura de que tú las escondiste debajo del sofá.

Aquella noche pedí auxilio porque sentía que estaba perdiendo la razón. Te supliqué que me sacaras de los escombros, pero el teléfono no dejó de sonar sin respuesta. ¿Cuál es la explicación? ¿Eres todopoderoso o solo poderoso cuando quieres? ¿Se te cae la conexión cuando llegas a mi dirección?

Sé que esto puede sonar a blasfemia, pero ahora mismo mi corazón pesa demasiado para hablar en susurros. ¿Sabes qué es lo más frustrante? ¿Sabes cuál es la ironía de todo esto? Que debajo de todos mis gritos sigue habiendo un susurro. Esa voz suave y apacible que me recuerda cosas que ya sé que son verdad.

Y lo odio. ¡De verdad! ¡Quiero estar furiosa! ¡Quiero lanzar platos contra la pared de la salvación! Pero tu paz los atrapa justo antes de que se rompan, y eso me parece tan injusto. Sé que una semilla tiene que quedar enterrada para crecer, pero, Dios, estoy cansada de tragar tierra. Sé que el dolor forma parte del viaje, pero sigo esperando junto a la cinta de equipajes y mi alegría todavía no ha llegado.

Estoy tan cansada. Soy un barco que se hunde y trata de sacar el agua con un dedal. Pero no voy a soltarte. He visto los mares que has abierto. He visto los gigantes que has derribado. No puedo fingir que no eres real cuando hasta el aire con el que te grito viene de ti.

Así que ayúdame. Si tengo que ser un jardín, riégame. Si tengo que estar rota, sé el oro que llena mis grietas. Estoy muy enojada contigo, pero sigues siendo el único hogar que he conocido. Así que, por favor, deja encendida la luz de la entrada.

Cercano está Jehová á los quebrantados de corazón; y salvará á los contritos de espíritu.

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