Si soy sincera, a veces me cuesta esperar en Dios. Creo que Él tiene poder para actuar. Creo que es fiel. Y aun así, me descubro preocupada por tomar una mala decisión, hablar antes de tiempo o no entender algo que quiere mostrarme. ¿Y si arruino precisamente aquello por lo que estoy orando? Puedo estar tan pendiente de no equivocarme que apenas me queda espacio para descansar en su cuidado.

Quizá tú también estás ahí. Esperas dirección, un empleo, una relación o una respuesta que no encuentras. Vuelves a revisar los mensajes, por si algo ha cambiado. Las cuentas siguen llegando y otra persona tiene una buena noticia. Quieres alegrarte por ella. Pero también te preguntas si deberías dar un paso, o si hacerlo sería adelantarte a Dios.

Esas preguntas pueden agotarnos. Me alegra que la Biblia nos dé algo más firme en lo que apoyarnos que nuestra capacidad de acertar siempre. Dios nos invita a pedir sabiduría y a confiarle la vida que nos ha dado. Podemos hablarle con sinceridad, hacer lo que nos corresponde y dejar espacio para una respuesta que todavía no hemos imaginado.

Aprender a esperar con Dios

Cuando la Biblia nos invita a esperar, nos muestra a quién acudir. Le presentamos nuestra necesidad a Dios y permitimos que nos guíe, incluso cuando todo dentro de nosotros quiere una respuesta inmediata. El Salmo 27 termina con estas palabras:

Aguarda á Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón: sí, espera á Jehová.

David le pide a Dios que lo escuche, lo guíe y lo mantenga cerca de Él. En esa oración hay temor y también confianza. Necesita ayuda de verdad. Así que, cuando nos anima a cobrar fuerzas y esperar, podemos recibir sus palabras como ánimo para alguien que está luchando. No tenemos que poner en orden todos nuestros sentimientos antes de acompañarlo en esa oración.

Esperar puede ser pedir consejo antes de decidir, o aceptar que alguien a quien amas tiene decisiones que no puedes tomar en su lugar. Romanos 8:23-25 también nos recuerda la esperanza que compartimos como cristianos: la redención de nuestro cuerpo y lo que Dios llevará a término por medio de Cristo. Aunque deseemos que algo cambie ahora, nuestra esperanza llega más allá de esta sola respuesta.

Cuando tienes miedo de equivocarte

Querer tomar una buena decisión es algo bueno. Necesitamos ser honestos, aceptar la corrección y pensar en cómo nuestras decisiones afectan a los demás. Pero llevar todo eso como si un pensamiento de preocupación pudiera impedir que Dios nos guíe resulta agotador. Él conoce a los hijos que está guiando. Podemos tomarnos nuestras decisiones en serio sin exigirnos actuar perfectamente cada vez que aparece la incertidumbre.

Imagina a alguien que aprende a conducir con un instructor paciente, las manos un poco tensas sobre el volante. Presta atención a las señales y escucha las indicaciones. Si se equivoca de dirección, el instructor le ayuda a ver qué hacer después. Necesita escuchar y corregir, sin concluir que nunca aprenderá. Esa imagen me recuerda que dejarnos guiar también incluye aceptar correcciones por el camino.

Si sabes que has hecho algo mal, puedes reconocerlo sin darte por perdido. Pide perdón. Busca ayuda para reparar lo que se pueda reparar. En 1 Juan 1:9 se nos invita a confesar nuestros pecados y recibir el perdón de Dios. Pasarte la noche repasando el error no lo borrará. Puedes volver a Dios con él y empezar a responder de otra manera hoy.

En Filipenses 1:6, Pablo confía en que Dios continuará su obra entre los creyentes hasta el día de Cristo. Eso no garantiza que todos nuestros proyectos saldrán bien. Aun así, hay consuelo aquí: nuestro crecimiento descansa en la fidelidad de Dios, y podemos seguir respondiéndole. No tienes que sostener todo tu futuro por tu cuenta.

Puedes acercarte a Dios con tu miedo

Cuando cuesta encontrar las palabras, esta breve oración nos ayuda a empezar:

En el día que temo, yo en ti confío.

El salmista reconoce su miedo mientras confía en Dios. Ese miedo no le cierra la puerta. Nosotros también podemos acercarnos con esa sinceridad. El padre que acudió a Jesús en Marcos 9:24 dijo: «Creo. ¡Ayuda mi incredulidad!». Llevó su lucha junto con la necesidad que quería presentar a Jesús. Tampoco nosotros tenemos que esconder esa parte de lo que estamos viviendo.

Claro que el miedo puede apresurarnos a tomar decisiones que después lamentamos. A veces conviene dejar el teléfono antes de enviar ese mensaje, o dormir antes de hacer una promesa que no podremos cumplir. A veces necesitamos rechazar algo que nos pide renunciar a nuestras convicciones. Puedes admitir que tienes miedo y darte tiempo para responder con honestidad y calma.

Y si todavía estás esperando, no supongas que es porque no has creído lo suficiente. Esa idea puede añadir mucho dolor a una etapa que ya duele. Personas fieles a Dios atraviesan enfermedad, pérdidas, injusticia e incertidumbre. Romanos 8 nos habla de la ayuda del Espíritu en nuestra debilidad mientras nos asegura el amor de Dios. Puedes pedir esa ayuda con lágrimas y con preguntas que aún no tienen respuesta.

Cuidar aquello que esperamos

Cuando deseamos algo de todo corazón, puede costarnos distinguir lo que esperamos de lo que estamos seguros de que Dios ha prometido. Algunas promesas pertenecen a todos los creyentes en Cristo. Otras fueron dirigidas a personas concretas en la Biblia. Un deseo intenso, una impresión durante la oración o una predicción necesitan discernimiento, especialmente cuando esa expectativa empieza a doler.

Piensa en una carta que anuncia un regalo para la persona cuyo nombre figura en el sobre. Te dice algo de la generosidad de quien la envía, pero escribir tu nombre allí no haría que ese regalo fuera tuyo. Cuando abrimos la Biblia, conviene fijarnos en a quién se dirige Dios y por qué. Podemos aprender de Abraham y de David sin convertir sus instrucciones en nuestro propio calendario.

Creo que debemos pedirle a Dios que nos guíe en oración y examinar lo que pensamos haber escuchado a la luz de la Biblia y de un consejo sabio. En 1 Tesalonicenses 5:19-22, la apertura al Espíritu va acompañada del discernimiento. Si una impresión fomenta la deshonestidad, la manipulación o ignorar el consentimiento de otra persona, llamarla promesa no la hará correcta. Puedes pedirle a alguien confiable que te ayude a pensarlo con cuidado.

Puedes seguir contándole a Dios cuánto deseas casarte, encontrar un trabajo que tenga sentido para ti o ver cambiar esta situación difícil. No tienes que restarle importancia a esos deseos. En 1 Juan 5:14 encontramos confianza al pedir conforme a su voluntad. Podemos orar con esperanza y permitirle corregir nuestra comprensión. Si descubrimos que habíamos entendido algo mal, su fidelidad no ha cambiado.

Todavía hay algo bueno que puedes hacer hoy

Santiago 5:7-8 invita a los creyentes a tener paciencia hasta la venida del Señor y les ofrece la imagen de un agricultor que espera la cosecha. Esa imagen también me ayuda a pensar en nuestras esperas cotidianas. El agricultor tiene tierra que preparar y plantas que cuidar. Se ocupa de ese trabajo sabiendo que no puede hacer llover ni recoger hoy la cosecha de mañana.

Imagina desenterrar una semilla cada mañana para comprobar cuánto ha crecido. Estarías alterando aquello que intentas cuidar. Abandonarla tampoco ayudaría. ¿Qué podemos cuidar hoy y a qué necesitamos darle tiempo? La imagen no promete que todos nuestros planes tendrán éxito. Nos ayuda a reconocer hasta dónde llega nuestra responsabilidad.

Si buscas trabajo, puedes orar y enviar la solicitud, o pedirle a alguien que revise tu currículum. Si esperas una reconciliación, puedes hacerte responsable de tus palabras y respetar la libertad de la otra persona. Si tienes una decisión importante por delante, busca información y consejo. Esperar en Dios sigue dejando espacio para los compromisos, los plazos y los límites de los demás.

Podrías preguntarte: «¿Qué bien puedo hacer hoy sin conocer todo mi futuro?». Quizá hay alguien a quien devolverle una llamada, una responsabilidad que has ido dejando o un pequeño gesto de bondad que puedes ofrecer. No tienes que convertir esas cosas en una manera de ganarte una respuesta. Importan porque esta también es tu vida, aunque estés esperando algo más.

Cuando parece que Dios está en silencio

A veces has orado tantas veces que ya no sabes qué decir. Tal vez lo último que quieres escuchar sea otra explicación. En el Salmo 13, David sigue preguntando cuánto durará su dolor. Podemos orar con esa misma sinceridad. Dios escucha la decepción que hay detrás de las palabras, y no necesitamos cubrirla con una frase alegre antes de hablarle.

Quizá no sabemos por qué la respuesta no ha llegado. Puede haber cosas que desconocemos o expectativas que necesitamos reconsiderar. Puede que, sencillamente, ahora mismo no tengamos una explicación. Cuando alguien está pasando por eso, podemos sentarnos a su lado sin llenar todos los silencios. No necesitamos explicarle por qué sufre para acompañarlo con cariño.

Pablo pidió que le fuera quitado el aguijón en la carne. En 2 Corintios 12:7-10, la respuesta que recibe habla de gracia suficiente y de poder en la debilidad. No quisiera utilizar su historia para hacer callar las preguntas de otra persona. Sí nos recuerda que una oración sincera puede recibir una respuesta distinta del alivio que esperábamos. Podemos seguir pidiendo ayuda, confiando en la sabiduría y la autoridad de Dios al responder.

Si alguien está utilizando la espera como motivo para pedirte que permanezcas donde te hacen daño, busca ayuda. Puedes buscar protección, consejo confiable y la atención que necesitas. Eso también puede ser un paso de fe. Nadie debería usar el tiempo de Dios para mantenerte en una situación de abuso ni hacerte sentir culpable por querer estar a salvo.

Cuando parece que todos los demás avanzan

A veces te alegras por alguien y necesitas un momento de silencio después de su buena noticia. Su boda o la oportunidad que ha recibido toca algo por lo que llevas mucho tiempo orando. Puedes compartir su alegría y admitir tu tristeza. Su felicidad no significa que Dios te haya olvidado. Esperar más tiempo no significa que tu fe sea más débil.

Quizá necesitas dejar el teléfono a un lado, sobre todo si cada publicación te lleva a comparar tu vida con la de los demás. Habla con alguien que te conozca más allá de tus logros. Mira a quienes ya están a tu lado y lo bueno que todavía puedes recibir hoy. Puedes agradecer esas cosas y reconocer que algo importante sigue doliendo.

Dar el siguiente paso con sabiduría

¿Cómo saber si debes esperar o avanzar? Ojalá cada decisión viniera acompañada de una señal clara. Santiago 1:5 nos anima a pedir sabiduría a un Dios generoso. Podemos presentarle nuestras opciones, escuchar consejos de personas maduras en la fe y decidir responsablemente con lo que sabemos.

Mira si esa opción concuerda con la Biblia y con los compromisos que ya has asumido. ¿Podrás ser honesto con las personas a quienes afecte? Si te falta información importante, date tiempo para buscarla. Tal vez tengas que decidir sin saber exactamente cómo saldrá todo. Avanzar con humildad y disposición a recibir corrección te permite seguir aprendiendo por el camino.

Date ese tiempo también cuando alguien te esté presionando. Si te dicen que debes enviar dinero de inmediato, aceptar una relación u obedecer a un líder o perderás el plan de Dios, puedes detenerte y hacer preguntas. Habla con alguien confiable que esté fuera de esa presión. No deberías tener que renunciar a tu criterio para demostrar que deseas la dirección de Dios.

Un poco de ayuda para los próximos días

Si buscas por dónde empezar esta semana, prueba estos pequeños pasos a tu propio ritmo. Que te ayuden a pasar tiempo con Dios y cuidar lo que tienes delante, sin convertirse en otra lista en la que sientas que vas a fallar.

  • Dile a Dios en una frase sincera qué estás esperando. Después pregúntate con calma si se trata de una promesa bíblica clara, un deseo personal o una decisión para la que necesitas ayuda.
  • Dedica un poco de tiempo a un pasaje completo. El Salmo 27, el Salmo 13 e Isaías 40 son buenos lugares para empezar. Fíjate en lo que viven las personas y en lo que vas descubriendo de Dios al leer.
  • Anota algo que puedas hacer y un resultado que no puedas controlar. Da el pequeño paso que te corresponde. Cuando la preocupación vuelva a recordarte ese resultado, puedes presentárselo a Dios otra vez.
  • Pídele a una persona confiable que siga a tu lado. Busca a alguien que sepa escuchar y orar, te ayude a pensar con honestidad y respete tu libertad para decidir responsablemente.
  • Al final de la semana, mira hacia atrás con paciencia. Observa dónde el miedo influyó en una decisión, qué necesita cambiar y qué ayuda recibiste. Habla con Dios de esas cosas sin castigarte por cada día en que te sentiste inseguro.

Dios te ve mientras esperas

Las personas a quienes se dirige Isaías 40 sienten que su vida ha pasado inadvertida para Dios. Él las invita a mirar al Creador que conoce su debilidad y les da fuerzas. El versículo 31 dice que «los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas». No recibimos una fecha para la respuesta que tanto deseamos. Se nos invita a apoyarnos en el Dios que nos ve cuando estamos cansados.

Sigo queriendo reconocer la dirección de Dios y tomar decisiones sabias. Pero no quiero pasar toda mi vida con Él asustada por la posibilidad de equivocarme. Quiero poder pedir ayuda, aceptar la corrección y seguir haciendo lo correcto mientras aprendo. Quiero darle más espacio a la confianza en su cuidado que al miedo a mis propios errores.

Sea lo que sea que estés esperando hoy, puedes contárselo. Puedes decirle lo que te gustaría que ocurriera y lo que te asusta. Pídele que te ayude a actuar donde haga falta y a soltar lo que no puedes controlar. Todavía hay una vida que vivir con Él aquí, antes de conocer la respuesta.

Una oración mientras esperamos

Padre, Tú sabes lo que estoy esperando y lo fácil que me resulta tener miedo de equivocarme. Ayúdame a reconocer tus promesas y lo que yo he añadido por mi cuenta. Dame sabiduría para hoy y un corazón dispuesto a recibir corrección. Enséñame a tener paciencia con lo que no puedo apresurar y a cuidar lo que me has dado. No entiendo cada respuesta ni cada demora, pero quiero seguir confiando en tu amor. En el nombre de Jesús, amén.

¿Te ayudó este artículo? Compártelo con alguien que lo necesite.

Sigamos conversando.
Envíanos un mensaje o comparte una petición de oración.